lunes, 2 de junio de 2014

Se puede ser republicano con la bandera rojigualda

Mientras escribo estas líneas, y a causa del anuncio de abdicación del Rey Juan Carlos, en muchas ciudades de España los republicanos se han echado a las calles ondeando banderas tricolores, alentados por el llamamiento efectuado a sus respectivos simpatizantes por los neocomunistas de Izquierda Unida y Podemos, así como por los ecosocialistas de Equo, llamamiento al que se han sumado -entiendo que rompiendo la disciplina de partido- las Juventudes del PSOE.


Pero no es mi intención realizar ahora un debate entre las distintas opciones de forma de Estado, sino sobre la bandera que debería ser el símbolo de esa futura III República a la que muchos -cada vez más- aspiran. Hablaré desde el punto de vista de la Vexilología, que es una de las Ciencias Auxiliares de la Historia.

Y es que muchos republicanos de nuevo cuño hacen gala de la tricolor, y del morado como símbolo de sus ideas; y muchos periodistas hablan de la bandera republicana, cuando en realidad deberían decir la bandera de la Segunda República, ya que los venerables y decimonónicos padres de la Primera tuvieron el sentido de Estado de mantener la rojigualda. Que tampoco es la "bandera de los Borbones", como afirman muchos desinformados o manipuladores, sino la bandera de todos, como aclararé a continuación.

La bandera bicolor o rojigualda no es patrimonio de la dinastía borbónica. Ni siquiera es de la monarquía. Fue elegida en un concurso convocado en 1785 por Carlos III para elegir una nueva bandera naval, tanto para la Marina de Guerra como para la mercante. 

                                  

De los doce modelos presentados se optó por la actual para la Armada, que también ondearía oficialmente poco después (1793) en las plazas marítimas, dependencias de la Armada, castillos y defensas costeras. Para la marina mercante se eligió un modelo de cinco franjas, como se ve en la ilustración. Paralelamente se siguió usando la bandera blanca con la cruz de San Andrés, o aspa de Borgoña (en vigor desde 1506), en las unidades militares terrestres y dependencias oficiales, hasta 1843, reinando Isabel II, en que la bandera blanca con el aspa de San Andrés (y el escudo de cada momento, que iba cambiando) es sustituida por la rojigualda, que se convierte, definitivamente, en la Bandera Nacional.

 

Y digo nacional, y no borbónica ni siquiera monárquica, porque la bandera rojigualda fue utilizada por todos los regímenes de nuestro convulso Siglo XIX. Tras la revolución de 1868 ("la Gloriosa") que destronó a Isabel II, la bandera rojigualda siguió siendo utilizada por el Gobierno Provisional (1868-71), integrado por las Juntas Revolucionarias. También fue usada por la monarquía de Amadeo I de Saboya (1871-73), por los Presidentes de la Primera República (D. Estanislao Figueras, D. Fco. Pi y Margall, D. Nicolás Salmerón y D. Emilio Castelar), así como por el muy prestigioso general Serrano, que había sido Primer Ministro, Regente, y que presidió la República hasta el pronunciamiento de Sagunto (diciembre de 1874) que reinstauró la monarquía. Tampoco cambiaron la rojigualda los otros bandos que luchaban por imponerse en las guerras civiles de entonces, los republicanos cantonalistas y los monárquicos carlistas. Y también fue mantenida por Alfonso XII, y tras su muerte, por la Regencia que precedió al reinado de Alfonso XIII.


                         Alegoría de la Primera República con la bandera rojigualda

¿Y entonces de dónde vino la tricolor? El Decreto que la instauró, publicado en el BOE el 27 de Abril de 1931, nos da una pista: "Hoy se pliega la bandera adoptada como nacional a mediados del Siglo XIX. De ella se conservan los dos colores y se le añade un tercero, que la tradición admite por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad, con lo que el emblema de la República, asi formado, resume más acertadamente la armonía de una gran España". Es decir, que se incorporaba a la bandera nacional el morado, color que se creía era el de Castilla, para que "compensase" la presencia de los colores rojo y amarillo, propios de los territorios de la antigua Corona de Aragón. También en ese momento se redujo la anchura de la franja amarilla -que en la rojigualda es el doble de ancha que cada una de las rojas- igualándose la anchura a las franjas roja y morada.


Bandera de la II República, incorporando el color morado, que se creía propio de Castilla, e igualando la anchura de las tres franjas.

Un grave error político, por lo que supone de centralismo al incorporar el presunto color de Castilla a la bandera de toda España, pero además es un grave error histórico, porque jamás fue morado el pendón de Castilla. De hecho en la Heráldica se ve claro. Todos los escudos, de cualquier época, llevan un castillo de oro (amarillo) en campo de gules (rojo). 

  

 Verdaderos pendón y bandera de Castilla, de color rojo, como el escudo castellano

¿Y de dónde salió la idea de que el color de Castilla era el morado? Parece que los primeros que lo usaron fueron una sociedad secreta del S. XIX llamada "Sociedad de los Caballeros Comuneros Hijos de Padilla". Sólo faltaba un paso para confundir la bandera de estos neocomuneros paramasónicos, más falsos que un duro de cartón, con la de los comuneros auténticos, que defendían tres siglos antes la identidad castellana (o mejor dicho, "su" visión de la identidad castellana). Y el error no lo cometieron los políticos de la Primera República, pero sí los de la Segunda.

Y hay otro motivo para olvidarse de las tricolores, especialmente los republicanos federalistas y nacionalistas periféricos. ¿Van a ondear los colores que en tiempos de la II República se creían de la odiada Castilla, madre de todos los males, según ellos? ¿El color del "Tercio de los Morados", cuyo primer coronel fue el Conde-Duque de Olivares, el más centralista de los ministros de la Casa de Austria? Don Gaspar de Guzmán se tiene que estar partiendo de risa en la tumba cada vez que un republicano ondea una bandera con la franja morada.

Afortunadamente, no todos los republicanos de hoy optan por mantener ese doble error (histórico y político). Un ejemplo es el del Partido Nacional Republicano, en cuya página web se puede leer lo siguiente: 

"Lamentablemente, en nuestros días vemos ondear con cierta profusión las banderas tricolores del republicanismo trasnochado y guerracivilista. Se han colado en medio de las muchedumbres que de manera incipiente e inorgánica comienzan a protestar ante los golpes que les propina el juancarlismo". Y añaden: "A diferencia de quienes quieren volver a la II República, el Partido Nacional Republicano postula la necesidad de:
  • Una república unitaria, sin cortijos autonómicos, como los que comenzó a reconocer la II República en su “estado integral”.
  • Una república democrática presidencialista, no liberal parlamentaria.
  • Una república laica, no confesional, pero ajena al anticlericalismo tabernario de analfabetos y asaltadores de conventos como el que impulsó la II República.
  • Una república socialista –con socialización de la banca, grandes sectores estratégicos y servicios– y no una república pequeñoburguesa, con algunas cutres colectivizaciones anarquistas en el 36, que fueron disueltas a tiros por los comunistas.
Nuestra propuesta republicana no tiene nada que ver con la II República. Es lógico que con las banderas ocurra lo mismo: El Partido Nacional Republicano defiende como bandera de la III República la bicolor, roja y gualda.

No somos los únicos republicanos que rechazamos la II República, su ideario, su historia y sus símbolos. No se puede volver atrás en la historia. Y si fuese posible, no querríamos volver".

 Sin querer entrar en las luces y sombras de la II República, que no fue tan buena como cuentan sus defensores ni tan mala como dicen sus detractores, alabo el gusto de estos republicanos de hoy día que se limitan a proponer la recuperación del escudo republicano (sustituyendo la corona real por la corona cívica o mural, y eliminando el escudete central con las flores de lis de la Casa de Borbón), pero manteniendo la bandera rojigualda. Como hicieron los revolucionarios del siglo XIX que hicieron "La Gloriosa" en 1868, así como los padres fundadores de la Primera República, en 1873.

Duro de plata de 1869, acuñado tras "La Gloriosa" por el Gobierno Provisional, 
con el escudo cívico o republicano

Por todo lo que antecede, aquí va mi recomendación a los republicanos que lean esto: Olvídense de la tricolor, no ya sólo por razón de Estado, sino por motivos de coherencia política (supresión de una alegoría centralista) y de mera verosimilitud histórica (ya que jamás el morado ha sido el color de Castilla). Y cómprense una rojigualda lisa, sin el actual escudo (como hacían, ondeando banderas sin escudo, o con el escudo recortado, los ciudadanos de los países del Este que pedían la caída de los regímenes prosoviéticos del Pacto de Varsovia y que no se sentían representados por los escudos de aquellos regímenes dictatoriales). O mejor aún, cómprense una rojigualda con el escudo cívico o republicano, el que fue creado por el Gobierno Provisional en 1869.


                                    
                           Bandera rojigualda lisa, sin el escudo oficial


Ésta, y no otra, es la bandera que deberían agitar hoy aquellos que deseen cambiar la forma de la Jefatura del Estado.


Bandera rojigualda republicana

Porque para bien o para mal, la bandera rojigualda es la de todos. Republicanos que me lean: No renuncien a ella, ni dejen que se la apropien -mal apropiada- los partidarios de una forma de estado concreta (la monarquía), o de una dinastía más concreta aún (la borbónica). La Bandera de la Nación debe estar por encima de esas disputas. Que siga siendo de todos.

Antonio Casado