cuaderno de bitácora de Antonio Casado, historiador (doctor en Humanidades, Artes y CC. de la Educación), bibliotecario, cibernavegante por los océanos de la Cultura, la Enseñanza, y por otros mares igualmente interesantes.
Me lo avisó hace unos meses; "He firmado un contrato para un nuevo libro, ya te contaré". Y en efecto, el incansable Fco. Javier Escudero Buendía ha parido un más que interesante estudio sobre El Quijote, un tema que le lleva ocupando desde hace unos cuantos años ya.
Empecemos por el principio: Mi amigo Javi Escudero es licenciado en Derecho y especialista en Historia del Derecho y las Instituciones por la Complutense, y Doctor en Humanidades por la UCLM. Profesionalmente es archivero, por eso nos conocimos, hace más tiempo ya de lo que a ambos nos gusta reconocer, durante el cual hemos ido acumulando canas en nuestras cabezas y grasa en nuestras cinturas. Y nuestra amistad profundizó durante los muchos años que compartimos gestión como directivos en la asociación profesional ANABAD y organizamos juntos diferentes eventos, congresos, y alguna publicación.
El autor, Javi Escudero, y el que esto firma, de excursión en la ciudad natal de Cervantes
El tema de su tesis, "Prosopografía de personajes reales cervantinos en La Mancha", dirigida por el profesor Francisco Crosas, catedrático de la Facultad de Humanidades de Toledo, fueron las personas y los personajes del Quijote, que fue adaptada y publicada en tres gruesos volúmenes en la imprescindible colección "Biblioteca Añil" (nros, 83, 84 y 85) de la también imprescindible editorial Almud del también amigo Alfonso González-Calero.
Esta nueva obra complementa a la anterior, incluso puede servir de aperitivo para quienes no se atrevan a empezar de golpe con una tesis en tres gruesos volúmenes, y digamos que es un texto que sirve tanto a profesionales de la Historia, la Filología o los archivos, como a interesados en dichos temas, o simples curiosos lectores, para adentrarse en los intríngulis del Quijote. Javier Escudero ha sabido demostrar que Cervantes se inspiró -para muchos de los personajes de la que sin duda es la mejor novela del mundo- en personas reales que existieron en La Mancha de hace cuatro siglos.
El libro que ahora nos llega es un ensayo titulado Las otras vidas de Don Quijote : ¿fue el ingenioso hidalgo de La Mancha una persona real? y ha sido publicado en la colección Sine qua non de la veterana Ediciones B, la marca editorial que sustituyó a Bruguera, que antes aún fue El Gato Negro, y que ahora vive de nuevo en las librerías, dentro del grupo neoyorquino Penguin-Random House, que la compró al antiguo Grupo Zeta.
Aclaremos que parece haber acuerdo entre los especialistas en que "El Quijote" no se concibió en origen como la obra que hoy conocemos, sino que Cervantes escribió inicialmente un texto breve, como lo son todas las que llamamos Novelas Ejemplares: Aquella "novela ejemplar" (que sería los ocho primeros capítulos actuales de la Primera Parte del Quijote) creció y creció, al darse cuenta el autor de su potencial ¿Lo que allí se cuenta es totalmente fruto de la imaginación del autor? Es una pregunta trampa, porque en Literatura siempre hay una base real, directa o indirectamente, lo que en absoluto quita mérito a la capacidad -genialidad, diríamos, en este caso- del autor o autora de la obra.
No entraré en el detalle de la obra para no hacer lo que los "modelnos" llaman "spoiler" creyendo haber descubierto la pólvora y que en nuestro idioma lleva muchíiiisimo tiempo llamándose "destripe". No, no les destriparé qué personajes son los que tienen visos de verosimilitud y existencia real. Sí les diré que no sólo son secundarios -que los hay y muchos- sino también el propio ingenioso hidalgo. Hay anécdotas y sucesos (acaecidos casi todos en la década de los ochenta del siglo XVI en el entorno de El Toboso y Miguel Esteban -que muy probablemente sea "el lugar de La Mancha" por antonomasia-), sucesos que Javier Escudero ha rastreado en numerosos archivos con paciencia monacal durante años y que nos cuenta con agilidad, humor y despertando el interés del lector.
Y además, Escudero nos plantea el modo en que Cervantes, el cual vivió en su Alcalá de Henares natal, en la Corte (ambulante y deambulante de Madrid a Valladolid y de nuevo a Madrid), pero también en la vieja corte, Toledo (que pugnaba por volver a serlo), y en la Esquivias de su esposa, pudo conocer todas estas historias y a esas personas, que él, con su genio e ingenio, transformó en parte de su obra universal. Y no sólo en ella, ya que también hay sucesos y personajes reales que aparecen en el "Persiles".
En resumen, un ensayo más que interesante para quienes gusten de la intrahistoria y deseen conocer el origen de nuestra obra literaria más universal.
Tal día como hoy, 27 de febrero, se celebra la fiesta de una docena de santos prácticamente desconocidos, y otras celebraciones de carácter cívico como el Día del Oso Polar, o de las ONGs. Pero yo prefiero celebrar hoy el Día Internacional del Cocido, uno de los platos más destacados de nuestra Gastronomía.
Hay muchas versiones de este guiso de puchero tan popular, heredero de la olla podrida del Siglo de Oro (el nombre viene de poderida, o poderosa, por la abundancia de sus ingredientes, no porque estén podridos o echados a perder); podríamos citar el cocido madrileño, el lebaniego, el maragato (que se sirve al revés, empezando por las carnes, seguidas de las verduras y legumbres y terminando con la sopa), el montañés (con alubias y berza), el de pelotas, el andaluz, el gallego, el catalán o escudella, el pote asturiano (con alubias blancas en vez de garbanzos), y otros más que seguro me dejo en el tintero. El denominador común es una sopa, un plato de legumbres (generalmente garbanzos) acompañado de patata y verduras, y por último, las carnes.
Y no hay cocido que se precie que carezca, en su tercer plato o vuelco, de unas buenas tajadas de tocino de cerdo. De hecho, a esa mezcla de carne de vaca y de gallina con tocino, jamón, morcilla, y algún otro añadido como chorizo de guisar, se le denomina "la pringá". Y es, precisamente, el tocino, lo que facilita el pringue y la mezcla con los otros ingredientes.
Así que aquí reproduzco un texto que anda circulando en redes sociales, escrito por un tal M. Gordo, que homenajea en versos a este magnífico ingrediente. Me sumo al homenaje, que me parece justo y necesario. Nada más que añadir al respecto.
Hace años, como actividad complementaria a un curso de verano de la UAM del que fui ponente, realicé una visita guiada por la bella localidad manchega de Alcázar de San Juan, y en la antigua colegiata de Santa María la Mayor, la más antigua de las parroquias alcazareñas, se nos enseñó una antigua partida de bautismo, de un tal Miguel de Cervantes, que allí identifican con el autor del Quijote. Recientemente volví a Alcázar y la vi llena de cartelones en los que se presumía orgullosamente de ser la cuna del novelista universal.
En la partida bautismal se menciona al neófito como Miguel, hijo de Blas Cervantes Saavedra y de Catalina López, que fue bautizado el 9 de noviembre de 1558. Dicho documento fue hallado en 1748 por el bibliotecario mayor del rey Fernando VI y académico de la Lengua, Blas de Nassarre y Férriz.
Esto bastó para que el ayuntamiento alcazareño declarase "hijo predilecto" de la localidad al autor del Quijote en noviembre de 2014, por unanimidad de los tres grupos políticos en él representados. Desde entonces se han sucedido diversas corporaciones, pero todas han estado de acuerdo en atribuirse al escritor como hijo de Alcázar, y promocionar turísticamente el lugar como "Cuna de Cervantes".
Monumento a Cervantes en Alcázar de San Juan, donde se le tiene por nacido allí.
Esta identificación contrasta con la que tradicionalmente se ha venido considerando, y es que Miguel de Cervantes nació en Alcalá de Henares, hijo de Rodrigo de Cervantes y de Leonor de Cortinas. El Cervantes alcalaíno fue bautizado el 9 de octubre de 1547 (es posible que el bebé naciese diez días antes, el 29 de septiembre, día de San Miguel, y por eso se le impusiese su nombre) y su partida de bautismo fue hallada y publicada por Agustín de Montiano, historiador y escritor del S. XVIII, primer director de la Real Academia de la Historia.
Así pues, tenemos dos Migueles de Cervantes. Uno de Alcázar de San Juan, nacido en 1558, y el otro de Alcalá de Henares, nacido en 1547 ¿Cuál de los dos es el autor del Quijote?
Sabemos que Cervantes fue soldado de Infantería de Marina en la batalla de Lepanto, que tuvo lugar el 7 de octubre de 1571. Para esa fecha, "la más grande ocasión que vieron los siglos", el Cervantes alcalaíno tenía veinticuatro años, Sin embargo, el Cervantes alcazareño tenía trece años. Sólo éste detalle podría ser decisivo para aclarar todas las dudas, pero los alcazareños insisten en que había grumetes de esa edad. Es cierto, pero Cervantes en Lepanto no era un imberbe grumete, sino un soldado, porque sabemos que luchó en un pelotón de arcabuceros y auxiliares en el esquife de la galera "Marquesa".
Dos años antes, en 1569, es decir, cuando el futuro soldado de Lepanto tenía veintidós años (y el Cervantes de Alcázar de San Juan tenía once añitos), huyó a Italia, lejos de la Justicia, ya que había sido condenado por agredir a un tal Antonio de Sigura por cuestiones de honor. Parece que el tal Sigura puso en duda la honra de Andrea, la hermana mayor de Cervantes, algo que no era causa menor en aquellos tiempos. No se puede pensar de ningún modo que este Cervantes que huye de los jueces fuese otra persona distinta a la del escritor, dado que tenemos constancia en diversas fuentes de la existencia de Andrea y de las otras mujeres que integraban su núcleo familiar: eran apodadas "Las Cervantas" y fueron la mencionada Andrea, otra hermana más joven, Magdalena, su sobrina Constanza (hija bastarda de Andrea con el caballero Nicolás de Ovando), su propia hija bastarda, Isabel (tenida con la tabernera Ana de Villafranca), y su esposa, Catalina de Salazar. Las "mujeres de Cervantes" están también presentes en la Literatura contemporánea: Las vemos en la obra de teatro "Las Cervantas", de Inma Chacón y José Ramón Fernández, y en la novela "Misterioso asesinato en casa de Cervantes", del escritor e historiador Juan Eslava Galán. También en una obra teatral decimonónica, "La hija de Cervantes", de Juan Eugenio Hartzenbusch, autor también de "Los amantes de Teruel".
¿Hace falta algún documento más para convencer a quien aún tenga dudas de que el autor del Quijote es el Cervantes de Alcalá? Pues sea: En 1575 la galera Sol, en la que viajaban los hermanos Miguel y Rodrigo Cervantes, es apresada a la altura de Cadaqués por piratas argelinos. Fueron cautivados y enviados a Argel, donde malvivían hacinados unos 30.000 esclavos cristianos. Nuestro hombre sufrió esclavitud durante cinco largos años, durante los cuales fracasó en cuatro intentos de fuga. Su hermano Rodrigo fue rescatado en 1577. Miguel no lo sería hasta 1580, tres años después. La experiencia le dió para escribir "La Historia del Cautivo", "Los baños de Argel", y "Los tratos de Argel". Y tal vez también la "Topografía e historia general de Argel", de fray Diego de Haedo, obra que algunos (como el filólogo Daniel Eisenberg) atribuyen al propio Cervantes, aunque otros lo hacen al teólogo portugués Antonio de Sosa). Pues bien, finalmente, Cervantes fue rescatado por frailes trinitarios, el 19 de septiembre de 1580.
Y los documentos del pago de 500 escudos por el rescate, que se conservan, nos hablan de que el rescatado es "Miguel de Cervantes, natural y vecino de Alcalá de Henares", del cual se dice que es "hijo y ermano de las susodichas (Leonor de Cortinas y Andrea de Cervantes), que está captivo en Argel (...), que es de hedad de treynta y tres años, manco de la mano yzquierda"...
En otro documento, podemos leer: "En la Ciudad de Argel, que es tierra de moros en la Berbería a diez días del mes de octubre año de mil quinientos ochenta años, ante el Ilustre y Muy Reverendo Señor Fray Joan Gil Redemptor de Spaña, de la Corona de Castilla por Su Majestad, paresció presente, Miguel de Cervantes, esclavo que ha sido, que ahora está franco y rescatado (...) natural de la Villa de Alcalá de Henares, en Castilla, y al presente estante en este Argel, rescatado para ir en libertad (...)"
Todos estos datos no son nuevos, ni mucho menos. Empero, las autoridades de Alcázar de San Juan y algunos eruditos locales siguen empeñados contra viento y marea en hacer caso omiso y en continuar afirmando que el Miguel de Cervantes que nació allí en 1588 es el autor del Quijote, y se niegan a considerar la documentación de su rescate y el hecho de la participación en Lepanto, junto a nuestro hombre, de Rodrigo, su hermano también alcalaíno; así como su captura y posterior esclavitud en Argel, también juntos.
Hasta el punto de que cuando en 2017 desde la Red de Ciudades Cervantinas se pidió a Alcázar de San Juan que dejase de considerar la partida de bautismo de "su" Cervantes como un documento histórico, el ayuntamiento alcazareño reaccionó airadamente como un ataque "a una de las principales señas de identidad de nuestra ciudad".
Lástima que los intereses económicos de cara al turismo primen sobre las fuentes documentales. La localidad de Alcázar de San Juan tiene suficiente historia, desde la época romana, como para no necesitar artificios ni reclamos que no se ajusten a la historia real.
Cuando a un monumento desaparecido se le pierde la pista con el paso de los siglos, es posible que sea incorrectamente identificado y que, cuando se logre hacerlo correctamente, por desidia o desconocimiento siga identificándosele incorrectamente. Esto es lo que pasó en Toledo con la Puerta de Alfonso VI, que fue incorrectamente identificada con las puertas medievales de Bisagra y de la Granja, sin ser ninguna de ellas, pese a lo cual sigue siendo denominada con demasiada frecuencia como Puerta Vieja (o antigua) de Bisagra, pese a haber pasado un siglo desde que se demostró que no lo era.
Lo mismo sucede con la Puerta de Almofala, que estuvo siglos desaparecida, y fue confundida con la vecina Torre de Antequera, que hoy día sigue apareciendo en mapas, callejeros y documentación oficial bajo el nombre erróneo de Almofala, pese a que la verdadera Puerta de Almofala fue identificada arqueológicamente allá por el año 2001, en lo que hasta entonces se tenía como por un simple torreón lateral a la Puerta Nueva.
Empecemos por el principio: Lo que la documentación medieval llama Puerta de Almofala es una de las puertas desaparecidas que se abrían en las cercanías del puente de Alcántara, en estos arrabales. Otra próxima, cuya ubicación no ha podido localizarse aún, era la de Atefalín (Bab el-Tefalín, o Puerta de los Grederos, es decir, los mercaderes de greda, un tipo de arcilla muy valorada), puerta que a veces se ha sugerido que era la que después se llamó Puerta de Perpiñán, cuyos restos quedaron bajo el Miradero.
En realidad, el nombre en castellano romanceado de Puerta de Almofala (en alguna ocasión ha aparecido como de Almohada) deriva del árabe Bab al-Mojahda, que significa Puerta del Vado, ya que era el camino más directo para salir de la ciudad para cruzar el Tajo por una zona poco profunda en la que podía ser vadeado sin muchos problemas -el llamado "Río Llano", a la altura de la desaparecida Isla de Antolínez-, sin necesidad de utilizar el puente de Alcántara, que se alza aguas abajo a medio kilómetro. La Puerta de Almofala, o del Vado, debió de construirse en el S. XI, si es que no es anterior, y se estuvo utilizando al menos hasta el XV.
La continua acumulación de sedimentos procedentes de las crecidas del río, unidos a las basuras que se echaban por encima de la muralla, causaron un reiterado crecimiento del nivel de la calle en varios metros, lo que causó que la muralla perdiese la mitad de su altura original y que la puerta quedase tapada. En algún momento, las autoridades municipales decidieron no molestarse en continuar despejándola y bajando el nivel, dado que iba a volver a recrecer en la próxima crecida del Tajo, así que, finalmente, la Puerta de Almofala, o del Vado, fue definitivamente cerrada y quedó olvidada bajo toneladas de tierra, quedando a la vista su parte superior, que pasó a parecer un torreón más de los que hay en esa parte de la muralla.
La Puerta de Almofala o del Vado. Apréciese la parte superior (sobre el nivel actual de la calle) y la parte soterrada. (Ruiz, A. y J. Fernández, 2009), vid. Bibliografía
Videoreconstrucción de la Puerta de Almofala o del Vado, por la empresa Revives. A la izquierda, la Puerta Nueva.
Pero seguía siendo necesario que en la muralla existiese una puerta para dar salida al vado desde la plaza de San Isidoro, en el arrabal de la Antequeruela. Por ello se abrió un hueco en la muralla, al lado izquierdo de donde estaba la puerta de Almofala, pero varios metros más arriba, ya a la altura del nuevo nivel de la calle. Dicha apertura pasó a denominarse, por motivos obvios, Puerta Nueva, denominación que aparece en documentos del S. XVI en adelante, lo que nos ayuda a datar el momento en que se debió abrir la misma para sustituir a la de Almofala o del Vado: entre 1442 (la última vez que se documenta el uso del término Puerta de Almofala) y 1576 (la primera vez que se documenta el término Puerta Nueva),
Reconstrucción de la Puerta de Almofala o del Vado, por David Utrilla. A la izquierda, la Puerta Nueva, abierta en el S. XVI sobre el actual nivel de la calle.
En la misma calle que rodea la muralla de la Antequeruela, poco más de cien metros a la derecha de la Puerta Nueva, se encuentra una gran torre albarrana mudéjar. En Arquitectura militar, una torre albarrana (del árabe al-barrana, "la de fuera") es aquella que se construye no en la misma muralla, sino adosada perpendicularmente a la misma, o bien unida por un arco, pasarela o puente, para usarse como defensa o como atalaya. La torre albarrana a que se alude parece que fue construida en el S. XIII. Su nombre es Torre de Antequera, aunque a veces aparece como de la Antequeruela, el nombre del barrio. Un arrabal modesto, como lo eran todos, en donde vivían mayoritariamente los moriscos, y que se dedicaban a actividades como la alfarería y otras pequeñas industrias.
Antequeruela es, evidentemente, un diminutivo, que significa "pequeña Antequera". Pero ¿qué relación tienen con esta localidad malagueña -situada a casi 400 Km. de Toledo- esta torre, y el barrio en la cual se ubica? Al parecer, no existe ninguna relación directa. En los años 70 del S. XX el académico D. Julio Porres escribió que el nombre del barrio y de la torre debían proceder de que la muralla fue reconstruida o restaurada en tiempos de la regencia de D. Fernando de Antequera "el Honesto", o bien por corrupción del término anticus, por ser, de los arrabales toledanos, el más antiguo, aunque esta segunda explicación no parece muy probable.
Don Fernando fue un infante de Castilla, de la dinastía de los Trastámara, hijo del rey Juan I de Castilla y de la princesa Leonor de Aragón, que fue regente de la corona castellana entre 1406 y 1416, durante la minoría de edad de su sobrino Juan II, y que en 1412 sería elegido rey de Aragón, para suceder a su tío materno, Martín I el Humano, fallecido sin descendencia un par de años antes. La torre albarrana que restauró Don Fernando de Antequera acabó siendo llamada Torre de Antequera, que extendería su nombre también al barrio, que por entonces se conocía como arrabal de San Isidoro, por la parroquia que existía junto a la Puerta Nueva, por el lado interior de la muralla, en la Plaza de San Isidoro o de la Puerta Nueva.
Don Fernando de Antequera, regente de Castilla y rey de Aragón
Es más creíble pensar que la torre albarrana ya estaba en pie y el infante D. Fernando de Antequera la restauró, dado que parece haber consenso sobre su construcción en el S. XIII. Hay un documento que la menciona como "Torre Nueva" en 1256. No debe confundirse con la Puerta Nueva, que entonces no existía, ya que se abrió junto a la del Vado siglos después, a finales del XV o comienzos del XVI.
¿En qué momento se confundió la desaparecida Puerta de Almofala con la vecina Torre de Antequera? Parece que el error data de comienzos del S. XVII, cuando el reputado historiador Francisco de Pisa trató de identificar la desaparecida Puerta de Almofala (o del Vado), de los documentos antiguos, y la relacionó con la torre albarrana de Antequera, que se encontraba a pocos metros y que, además, tenía un par de arcos (entonces cegados) en su estructura, pero que en realidad sólo eran un paso bajo la torre (el paso habitual en todas las torres albarranas), pero que no comunicaban con el interior de la ciudad ni atravesaban la muralla, como ya publicó D. Pedro Román ¡en 1942! "Cuando tuve ocasión de penetrar en la habitación construida en la parte baja de aquella torre, resultó que no existía tal puerta; es, sencillamente, una torre albarrana, idéntica a la del castillo de San Servando, aunque con paso junto al muro". Dichos arcos cegados fueron reabiertos en la última restauración, recuperándose el paso original bajo la torre albarrana.
El error de D. Francisco de Pisa fue dado por bueno por otros autores, que lo fueron reiterando, como el vizconde de Palazuelos o D. Sixto Ramón Parro. Ya en el S. XX quedó claro que la torre de Antequera no era la puerta de Almofala, como primero afirmó D. Pedro Román, que lo publicó en los años cuarenta del pasado siglo, y después D. Julio Porres, en los setenta.
Y en efecto, a comienzos del S. XXI la arqueología vino a darles la razón. Habiéndose emprendido tareas de restauración en el torreón adyacente a la Puerta Nueva, por la Escuela Taller Municipal y bajo la dirección arqueológica de D. Arturo Ruiz Taboada, en el interior de dicho torreón apareció, allá por 2002, una escalerilla oculta por los siglos que hizo pensar que la construcción continuaba varios metros por debajo del nivel actual de la calle. Desescombrado y consolidado lo que al principio se creyó un mero sótano, resultó ser en realidad la parte interior de una puerta medieval, que aún estaba allí, incluyendo los restos de su portón de madera y su cerrojo: Se había localizado la desaparecida Puerta de Almofala, o del Vado. Aunque en su momento se propuso desenterrarla, al estar muchos metros por debajo del nivel de la calle sería necesaria una difícil y muy costosa intervención, que implicaría además expropiaciones y demoliciones de algunas viviendas, el rebaje de la calle de la Carrera, al exterior de la muralla, y de la plaza de la Puerta Nueva, al interior de la misma, y la consolidación de la muralla. Por todo ello nunca se planteó en serio su ejecución, aunque la puerta puede visitarse desde dentro, accediendo al torreón y luego bajando por la escalerilla de comunicación.
Vista interior de la Puerta de Almofala o del Vado (Fotografía del gran David Utrilla).
Así pues, en 2002 quedaba confirmado arqueológicamente lo que ya había adelantado cuadro decenios atrás D. Julio Porres: Que la Torre de Antequera no era la Puerta de Almofala. "Siempre creímos inaceptable la explicación tan repetida (...). Si el torreón de que tratamos fuera la puerta que citan los Anales, mucho antes que éste se inundaría la Puerta Nueva, casi cinco metros más baja de cota. Cuando entra agua por la ventana de un piso principal, nadie decide cerrarla y abrir en su lugar la del sótano". Y agregaba "El fallecido don Pedro Román fue el primero en descubrir que la supuesta Puerta de Almofala no era más que una torre albarrana".
Pese a ello, cuando en 2007 la torre albarrana de Antequera fue declarada BIC por la Consejería de Cultura de Castilla-La Mancha, fue inexplicablemente registrada como "de Almofala", sin querer saber que la verdadera de Almofala (es decir, del Vado, que es lo que Almofala significa) está en la misma calle, a tan sólo 120 m., habiendo sido identificada arqueológicamente sin duda alguna cinco años antes. Y bajo ese nombre erróneo de Almofala se la sigue conociendo mayoritariamente, y sin que las autoridades competentes en Cultura y Turismo se hayan molestado en subsanar el error.
Para saber más:
GARCÍA CANO, José. "La olvidada puerta del Vado". En: Leyendas de Toledo. 2019. Disponible en web.
PORRES MARTÍN-CLETO, Julio. Historia de las calles de Toledo. Toledo : Diputación Provincial, 1971. 2 vols. Toledo : Zocodover, 1982 y 1988. 3 vols. Toledo : Bremen, 2002. 4 vols.
PORRES MARTÍN-CLETO, Julio. "Ha nacido una puerta". En Toletum, ISSN 0210-6310, Nº 47, 2002, págs. 181-196. Disponible en web.
ROMÁN MARTÍNEZ, Pedro. "Los restos de construcción romana del puente de Alcántara", en BRABACHT, nº 58, 1942, pág. 6. Disponible en web.
RUIZ TABOADA, Arturo. "Aproximación al estudio del recinto amurallado de Toledo: El descubrimiento de la Puerta del Vado" En: Tulaytula: Revista de la Asociación de Amigos del Toledo Islámico, ISSN 1575-653X, Nº. 9, 2002, págs. 55-82. Disponible en web.
RUIZ TABOADA, Arturo, y Jacobo FERNÁNDEZ DEL CERRO. La puerta del Vado de Toledo. Toledo : Pareja, 2009. 231 p. ISBN 9788495453648. Disponible en web.
TORREBLANCA, Joaquín. "Toledo, entre la Torre de Antequera y el popular Barrio de la Antequeruela". En: El Sol de Antequera. Disponible en web.
En el recinto amurallado de Toledo, la principal puerta que se abre en su lado Norte es la Puerta de Bisagra. Antaño había quien lo escribía con uve, Visagra, creyendo que derivaba del latín Via Sacra, o camino sagrado. Hay quien dice "puerta de la bisagra", creyendo que alude a estas piezas o mecanismos de ferretería. En realidad el topónimo viene del árabe Bab al-Shaqra, Puerta de La Sagra, que es la gran comarca entre Toledo y Madrid, cuyo nombre a su vez parece que significa "campo" o "campiña". Bab al-Saqra, sería pues "Puerta del Campo".
Puerta de Bisagra, mal llamada "Puerta Nueva de Bisagra" (cuerpo exterior)
Pero dejando aparte el debate etimológico, lo que es destacable comentar es que durante mucho tiempo a la Puerta de Bisagra se le denominó "Puerta Nueva de Bisagra"; y, en paralelo, se llamó "Puerta Vieja (o Antigua) de Bisagra" a la que se alza a su lado, unos ciento cincuenta metros al Oeste, y que se conoce formalmente como "Puerta de Alfonso VI", a causa de la tradición de que dicho rey entró por ella al reconquistar la ciudad el 25 de mayo de 1085 (aunque es mucho más probable que entrase por la de Alcántara, accediendo directamente desde la Huerta del Rey donde sus tropas se hallaban acampadas, tras cruzar el puente de Alcántara, al barrio del Alficén).
¿Por qué se denominó a la una "Puerta Nueva de Bisagra" y a la otra "Puerta Antigua de Bisagra", durante tanto tiempo? Es fácil. Algunos eruditos de la Edad Moderna tenían conocimiento, a través de numerosos documentos medievales, de la existencia de la Puerta de Bisagra en la Edad Media. Pero como la Puerta de Bisagra es de estructura renacentista (como se puede ver por sus torres circulares flanqueando un arco triunfal de medio punto, coronado con un gran escudo de armas del emperador Carlos V), descartaron que fuese la puerta a la que aludían dichos documentos antiguos y buscaron otra, creyendo que era la inmediata o vecina; la que tiempo después se llamaría de Alfonso VI, y que en la Edad Moderna estaba tapiada y semicubierta de tierra en su lado exterior.
Sin embargo, no había que irse allí para buscar la Puerta de Bisagra medieval. Porque la puerta que se conoció como "De Bisagra Nueva", edificada por Alonso de Covarrubias en tiempos del Emperador Carlos con su imponente escudo de armas, no fue de nueva construcción, abriendo un hueco en la muralla que no existiese previamente, sino que se reformó y mejoró la que ya existía: la puerta de Bisagra medieval, ante la que se creó un patio de armas y una nueva puerta, la de los torreones circulares y el arco triunfal con el gran escudo. Así pues, la puerta de Bisagra Antigua o medieval es, en realidad, la parte interior de la Puerta de Bisagra; la parte que da hacia la ciudad, frente a los ábsides de la Iglesia de Santiago del Arrabal.
Es la antigua puerta medieval, reestructurada en el S. XVI
Puerta de Bisagra. Vista aérea de la parte exterior, con su arco triunfal y su fachada blasonada,
del patio de armas y de la parte interior hacia la ciudad, con sus torreones (tarjeta postal de los años 40)
Esa parte interior de la Puerta de Bisagra fue también modificada y reestructurada en el S. XVI con aspecto renacentista, a la vez que se construía la parte exterior y el patio de armas intermedio, lo que despistó a quienes buscaban tiempo después una puerta medieval islámica. Pese a ello, aún se ve, al pasar bajo ella, su antiguo arco de herradura.
Cuerpo interior de la Puerta de Bisagra, desde la plaza de armas.
Se aprecia el arco de herradura de la antigua Bab al Sahqra medieval islámica.
¿Es novedoso el hecho de haber identificado que la Puerta Antigua de Bisagra está, y siempre estuvo, en el mismo lugar de la muralla que la que se llamó Nueva? En absoluto. Ya D. Pedro Román Martínez (1878-1948), cofundador que fue en 1916 de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, lo tuvo claro y lo publicó en 1924, en en los números 20 y 21 de la primera etapa de la "Revista Toletum".
Hace un siglo pues que se sabe que la puerta de Alfonso VI NO ES la Antigua de Bisagra. Sin embargo, se sigue nombrando en guías, folletos, callejeros y por numerosos guías turísticos como "Puerta Nueva de Bisagra" a la que debía ser denominada simplemente Puerta de Bisagra, ni nueva ni vieja.
Y del mismo modo, los que llaman "Puerta Nueva de Bisagra" a la de Bisagra siguen denominando "Puerta Antigua (o Vieja) de Bisagra" a la de Alfonso VI, que hace también un siglo que se sabe que no es su nombre medieval, porque la puerta medieval de Bisagra está, y siempre estuvo, en la propia Puerta de Bisagra.
Y entonces ¿cómo se llamaba en la Edad Media la puerta que hoy llamamos de Alfonso VI, si resulta que no es la de Bisagra? Don Pedro Román en el mismo artículo en que desmintió que fuese la de Bisagra sugirió que fuese el postigo o portillo llamado en algunos documentos Postigo de la Granja. Pero su aspecto monumental sugiere que no es un simple postigo, y así se confirmó hace dos décadas, cuando se emprendieron excavaciones arqueológicas en el tramo de la muralla comprendido entre la Puerta de Alfonso VI y la Puerta del Cambrón. Justo en la parte donde se abrieron en el año 2000 las escaleras mecánicas que comunican el paseo de Recaredo con la Cuesta de la Granja, tras la Diputación, aparecieron los restos de una estructura en la muralla medieval que se identificaron por los arqueólogos con el desaparecido Postigo de la Granja. Lamentablemente no se ha publicado, creo, la memoria de dicha excavación, aunque en 2003 el arqueólogo director de la misma, Ramón Villa, presentó a un congreso sobre Espacios fortificados en la provincia de Toledo una excelente ponencia sobre el cierre N. de la muralla medieval de Toledo, en la que habló, entre otros temas, de aquel descubrimiento, que tan poca difusión tuvo.
Ubicación del antiguo Postigo de la Granja (R. Villa, 2005)
Ubicación del antiguo Postigo de la Granja. En amarillo, la Puerta de Alfonso VI (R. Taboada y F. del Cerro, 2009).
Es decir, que la Puerta de Alfonso VI no es la Puerta de Bisagra Vieja, pero tampoco es el Postigo de la Granja, cuyos restos aparecieron hace más de veinte años a unos ciento setenta metros a su izquierda, según se sale de la ciudad. Es muy posible que la que hoy llamamos Puerta de Alfonso VI sea la misteriosa Puerta Almaguera o Almaquera (denominación que derivaría de Bab al-Maqbr, "Puerta del Cementerio", o de Bab al-Maqqada, "Puerta de Maqueda"), la cual se cita en algún que otro documento medieval, y que no había sido identificada con certeza. La duda sigue abierta. Pero lo que está claro es que sólo hay una Puerta de Bisagra.
Lamentablemente parece que las autoridades competentes en Cultura y Turismo no parecen tener demasiado interés en aclarar lo que académicamente está claro desde hace casi un siglo, con lo que me temo que sigamos oyendo y leyendo en guías y publicaciones "Puerta Nueva de Bisagra" y "Puerta Vieja de Bisagra" durante muchos más años.
VILLA GONZÁLEZ, Ramón. "El cierre norte de la muralla medieval de Toledo a la luz de los últimos descubrimientos" En: Espacios fortificados de la provincia de Toledo. Toledo : Diputación Provincial, 2005. 84-96211-16-9. Págs. 155-198.
RUIZ TABOADA, Arturo, y Jacobo FDEZ. DEL CERRO. "El segundo recinto en la actualidad: muros, torres y puertas". En: La puerta del Vado de Toledo : Toledo : Ayuntamiento, 2009. Págs. 75-85.
El evento se titula «Derecho, literatura y justicia en la Novela Negra de Manuel Vázquez Montalbán» y se celebrará en el complejo universitario «San Pedro Mártir-Madre de Dios», de Toledo, durante el Día Mundial del Libro, organizada por los profesores Santiago Sastre, Miguel Ángel Pacheco y Francisco Sánchez. Las sesiones de la mañana se celebrarán de 9.30 a 14 h., y las de la tarde de 16.30 a 20 h. Habrá interesantes charlas, un par de actividades audiovisuales, y se hablará de Literatura y Novela Negra.
Los interesados en inscribirse, deberán contactar con la organización a través de la siguiente dirección de correo electrónico: derechoyliteraturaUCLM@gmail.com.